En 1612 Sha Jahan, heredero del imperio mongol contrae matrimonio con Arjumand Banu Begum, princesa persa conocida más popularmente como Mumtaz Mahal (joya del palacio), una unión concertada con la intención de reforzar los lazos entre ambos imperios. Con lo que no contaba Sha Jahan era con enamorarse perdidamente de Mumtaz Mahal que se convirtió en su esposa favorita. Hermosa y de carácter dulce y solidario, murió dando a luz a su decimocuarto hijo, dejando a Sha Jahan sumido en la más profunda de las tristezas. El emperador dedicaría la mayor parte de lo que le restaba de vida a erigir el que fuese el mayor homenaje a su amada esposa. Ese homenaje se llama Taj Mahal uno de los más fastuosos y bellos mausoleos que jamás se haya construido, un monumento acorde con el amor que sentía quien lo mando levantar por quien reposaría en él. Sha Jahan dejó de lado su trono, su reino y dilapidó su fortuna en la construcción de la tumba de su esposa favorita.
Como diría una canción hay amor que derriba fronteras y algunos están por encima de reinos, tronos, riquezas y de la misma muerte, el Taj Mahal es un recordatorio de que el amor con mayúsculas, más allá de este mundo incluso, es posible.
Históricamente Sha Jahan perdió su trono a manos de su hijo, que lo encarceló, pero dejó de tener importancia tras perder a quien era más valioso que todo un reino. Desde su celda podía contemplar el mausoleo donde reposaba su amor y al morir fue enterrado junto a ella.
Es gracias al amor que hoy día podemos deleitarnos y contemplar lo que se considera una de sus siete maravillas del mundo, los indios llaman a este monumento "poema de amor en piedra".
Dedicado a aquellos que quise amar y no me lo permitieron, a quienes me consideraron frágil, simple y manipulable, se equivocaron, a los que me dieron consejos sin pedirselos, a quienes se conformaron con la realidad que otros les ofrecieron en lugar de crear la suya, a quienes no quisieron conocerme. Han sido y seguirán siendo, mis mejores maestros.
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domingo, 17 de abril de 2011
Un monumento al amor
sábado, 30 de octubre de 2010
Belleza culpable
Vino a este mundo con el nombre de Norma Jean Baker siendo hija del pecado, o al menos así se consideraba entoces al fruto de una amante soltera. Ironicamente y como si de una broma del destino se tratase su madre era montadora en unos estudios de cine, la cual la abandonó, no podía hacer otra en aquella época, y pasó de casa en casa sin tener nunca el cariño de una verdadera familia.
Con 16 años se casó, quizá creyendo que eso le proporcionaría el amor y la felicidad que no encontró en su niñez, otro espejismo más que desapareció pronto.
La adolescente Norma ya era una belleza cuando la descubrió una revista que fué a hacer un reportaje en la fábrica donde trabajaba. Y se marchó a labrarse una carrera como modelo dejando atrás la falsa esperanza de una felicidad en un matrimonio que no debió de existir.
No tardó en ser consciente de las puertas que podría abrirle su belleza y no dudó en explotarla. Su siguiente paso lo dió hacia el cine convirtiendose en Marilyn Monroe, un objeto de deseo. Pero la niña siempre estuvo allí, nunca se fué y seguía buscando el cariño y la familia que no tuvo.
Se casó varias veces sin demasiada fortuna, su último marido sería Arthur Miller, uno de los escritores más considerados por aquel entonces, tal vez Norma Jean pensó que podría hallar en ese hombre inteligente y culto la comprensión que no encontró en otros, volvió a equivocarse.
Al margen de Marilyn Monroe, Norma Jean era una mente y un alma inquieta con hambre por saber y entender, inteligente, su coeficiente intelectual era superior al de Albert Einstein. Poeta, empresaria, creó sus propios estudios en otro vano intento por demostrar que era mucho más que la rubia tonta que encarnaba en sus películas, una gran actriz capaz de interpretar otro tipo de papeles. Su pretensión no duró mucho, se encontró sola contra un mundo que no quería ver más allá.
Aquellos que si fueron sus verdaderos amigos hablaban de una mujer frágil, tímida, siempre en busca de afecto, que distaba mucho de la imagen descarada y sensual que mostraba al mundo, otro personaje más.
Y se marchó de ese mundo que no la conoció, ni la amó realmente, el amor es otra cosa, con tan solo 36 años, permaneciendo por siempre hermosa, un mito, una imagen a la que adorar sin derecho a tener un corazón y un alma, como si al poseer una belleza tan contundente que rozaba el insulto no mereciese ser a su vez un ser humano.
Ahora se publican sus cartas, sus poemas y diarios, se rescata a Norma Jean Baker, su soledad y su fragilidad, se vuelve a poner de moda y se empiezan a rodar diversas peliculas sobre su vida, varias rubias se meten en su piel para intentar contarnos quien fué en realidad, aunque nunca podrán ser la diosa en la que la convirtieron, pues para ello hay que nacer siendo una nueva Eva como solo lo supo ser Marilyn Monroe.
Good bye Norma Jean.
"Se que nunca seré feliz pero siempre seré alegre"
Norma Jean Baker alias Marilyn Monroe
Aunque se popularizó bajo el titulo "Candle in the wind" tras la muerte de lady Diana, lo cierto es que originariamente Elton John la compuso para Norma Jean haciendo posteriormente una adaptación para su amiga Lady Di.
Con 16 años se casó, quizá creyendo que eso le proporcionaría el amor y la felicidad que no encontró en su niñez, otro espejismo más que desapareció pronto.
La adolescente Norma ya era una belleza cuando la descubrió una revista que fué a hacer un reportaje en la fábrica donde trabajaba. Y se marchó a labrarse una carrera como modelo dejando atrás la falsa esperanza de una felicidad en un matrimonio que no debió de existir.
No tardó en ser consciente de las puertas que podría abrirle su belleza y no dudó en explotarla. Su siguiente paso lo dió hacia el cine convirtiendose en Marilyn Monroe, un objeto de deseo. Pero la niña siempre estuvo allí, nunca se fué y seguía buscando el cariño y la familia que no tuvo.
Se casó varias veces sin demasiada fortuna, su último marido sería Arthur Miller, uno de los escritores más considerados por aquel entonces, tal vez Norma Jean pensó que podría hallar en ese hombre inteligente y culto la comprensión que no encontró en otros, volvió a equivocarse.
Al margen de Marilyn Monroe, Norma Jean era una mente y un alma inquieta con hambre por saber y entender, inteligente, su coeficiente intelectual era superior al de Albert Einstein. Poeta, empresaria, creó sus propios estudios en otro vano intento por demostrar que era mucho más que la rubia tonta que encarnaba en sus películas, una gran actriz capaz de interpretar otro tipo de papeles. Su pretensión no duró mucho, se encontró sola contra un mundo que no quería ver más allá.
Aquellos que si fueron sus verdaderos amigos hablaban de una mujer frágil, tímida, siempre en busca de afecto, que distaba mucho de la imagen descarada y sensual que mostraba al mundo, otro personaje más.
Y se marchó de ese mundo que no la conoció, ni la amó realmente, el amor es otra cosa, con tan solo 36 años, permaneciendo por siempre hermosa, un mito, una imagen a la que adorar sin derecho a tener un corazón y un alma, como si al poseer una belleza tan contundente que rozaba el insulto no mereciese ser a su vez un ser humano.
Ahora se publican sus cartas, sus poemas y diarios, se rescata a Norma Jean Baker, su soledad y su fragilidad, se vuelve a poner de moda y se empiezan a rodar diversas peliculas sobre su vida, varias rubias se meten en su piel para intentar contarnos quien fué en realidad, aunque nunca podrán ser la diosa en la que la convirtieron, pues para ello hay que nacer siendo una nueva Eva como solo lo supo ser Marilyn Monroe.
Good bye Norma Jean.
"Se que nunca seré feliz pero siempre seré alegre"
Norma Jean Baker alias Marilyn Monroe
Aunque se popularizó bajo el titulo "Candle in the wind" tras la muerte de lady Diana, lo cierto es que originariamente Elton John la compuso para Norma Jean haciendo posteriormente una adaptación para su amiga Lady Di.
sábado, 5 de junio de 2010
Crisis según Albert Einstein
sábado, 30 de mayo de 2009
Prefiero morir de pie, a vivir arrodillado

La frase libertaria y revolucionaria por antonomasia popularizada por Ernesto Che Guevara, de origen argentino y considerado uno de los lideres de la revolución cubana durante las décadas de los 60 y 70.
Pero lo cierto es que esta frase no fue acuñada por el Che, sino que la rescató de otro revolucionario mexicano, Emiliano Zapata, un grito de guerra y una declaración de intenciones, que aparte de serle útil al líder de la revolución de Cuba también fue utilizada por otros personajes de cáracter rebelde como Dolores Ibárruri (la pasionaria) o Benito Juárez gobernante mexicano.
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